Wenceslao Cañadas. Director del Instituto Técnico Agronómico Provincialen sustitución de Prudencio López Fuster, que ha pasado a ser jefe de Servicios Agropecuarios

«El Itap es una entidad con su propia inercia y es difícil modificar el rumbo de un día para otro»

«Este año, los cereales están muy bien pero no los hortícolas como patatas y cebollas» .El Instituto Técnico Agronómico Provincial (Itap), dependiente de la Diputación de Albacete, ha sufrido cambios en su organigrama con la incorporación, en agosto, de su nuevo gerente, Pedro Pablo Sánchez, un nombramiento al que se une, desde la semana pasada, el de Wenceslao Cañadas como director. Cañadas (Santa Ana, Albacete, 1963) es hijo de agricultores e ingeniero agrícola por la Universidad de Castilla-La Mancha. Desde hace más de dos décadas trabaja en el Itap, donde ha pasado por diversos departamentos: el último el de ellos, hasta su designación, el de agricultura ecológica y conservación. Sustituye en el cargo a Prudencio López Fuster, actualmente jefe de Servicios Agropecuarios de la Diputación.

-¿Cuáles son las funciones que se derivan de su responsabilidad?

-El Itap es una sociedad anónima con capital mayoritario de la Diputación de Albacete. La entidad se creó para gestionar el patrimonio rústico de la herencia de Purificación Urrea, y después ha ido ampliando su radio de actividad a otras áreas. Empezó con la experimentación de variedades comerciales y con actividades dentro de la ganadería, que ha sido siempre un ‘buque insignia’ dentro del Itap. También son muy conocidos servicios como el de asesoramiento de riegos, el de I+D o los laboratorios de asesoramiento a la fertilización y de asistencia fitopatológica. Más recientemente se han puesto en marcha otros como el de agricultura ecológica, y ahora se está avanzando en un proyecto de agroasesoramiento a través de satélite. Igualmente, también tenemos la Lonja, dentro del área de comercialización.

-¿Su nombramiento implica una nueva etapa dentro del Itap?

-Por mucho que cambie la persona a cargo de la institución, el Itap es, ahora mismo, una entidad con su propia inercia en donde es muy difícil modificar el rumbo de un día para otro. Los pilares son los que hay; si acaso, en esta nueva etapa sí que me gustaría potenciar la transferencia de conocimiento a agricultores y ganaderos. Estamos en un momento en el que todo el mundo habla de crisis y hay que optimizar los recursos que tenemos. Una manera de hacerlo es que el agricultor y ganadero sea el gran beneficiado del Itap, de manera que las cosas que hagamos lo sean pensando en ellos. Queremos que sean peticiones suyas, porque a veces su punto de vista no es el mismo que el que pueden tener nuestros investigadores.

Convenios

-¿Cómo van a hacer realidad este propósito?

-Todo proyecto debe transferir algo al agricultor y al ganadero, hay que apostar por proyectos que contengan ese componente de interés para la provincia. Tenemos la experiencia de nuestros servicios de asesoramiento y suscribimos convenios con entidades financieras y con cooperativas. Estamos siempre dispuestos a la formación y a la divulgación, como en nuestras jornadas de puertas abiertas, para hacer partícipes a los profesionales agrarios de la labor que hacemos. En el Consejo de Administración del Itap también han entrado nuevos miembros de empresas, y a éstas también se las quiere hacer partícipes. No obstante, igual que colaboramos con todo tipo de organismos e instituciones oficiales, se ha venido trabajando con empresas.

-Tiene una larga experiencia trabajando dentro del Instituto. ¿Han cambiado mucho las cosas desde los orígenes hasta ahora?

-Ha habido algo fundamental, y es el tema de personal. Al principio, una vez que la Diputación se hizo cargo de las explotaciones agrícolas que citábamos antes, había tractoristas, pastores, vaqueros… pero solo dos técnicos, un veterinario y un ingeniero. Actualmente, en la empresa estamos ya más de 60 personas. De una gestión pura y dura de las fincas, aunque es una parte importante a nivel presupuestario, se ha pasado a que tenga más peso la experimentación e investigación aplicada. A nivel regional creo que no hay muchas entidades que tengan el grado de tecnificación nuestro.

-Recuérdenos dónde se ubican las fincas agrícolas del Itap.

-Además de ‘Las Tiesas’, en la carretera de Barrax, está ‘Casa del Pozo’, en Valdeganga, que tiene una extensión mayor, y una tercera en Alpera.

-¿Tienen algún proyecto novedoso en marcha?

-El programa de agroasesoramiento, que es un proyecto pedido a nivel nacional que, recientemente, se ha solicitado también a nivel europeo como ampliación. El objetivo es integrar todo lo relacionado con suelos, fertilización, abonos… Que el agricultor, con la ayuda de las nuevas tecnologías, pueda realizar una mejor gestión de sus explotaciones. También trabajamos en las líneas de mejora de cereales y proyectos con leñosos.

-¿Cómo ve la situación actual del campo albaceteño?

-Lo fundamental es conseguir fijar la población rural, y eso lleva aparejado que la gente tenga un medio de vida y los servicios necesarios. El agricultor, por otra parte, también está cada vez más especializado e invierte más en maquinaria, lo que revierte en el rendimiento. Lo que ocurre también es que el relevo generacional no se ha producido en la empresa agraria, y el agricultor que se ha jubilado no tiene sustituto. En cuanto a la rentabilidad, este año los cereales están muy bien desde el punto de vista del agricultor, no tanto del ganadero. Otros productos no están lo bien que deberían estar: los hortícolas como patatas y cebollas tienen un precio muy bajo, mientras que el ajo se ha mantenido. En cuanto a la viña, la producción ha sido más baja y eso podría implicar un precio mejor.

-¿Cómo podría ser el sector en el futuro? ¿Se mantendrá el paisaje básico de cereal y viña?

-Siempre aparecen cultivos nuevos, como la camelina, de la que se va a hacer una prueba este año con unas mil hectáreas de superficie. Tenemos una rotación de secano muy limitada, y la camelina podría encajar bien. En la viña, lo fuerte del arranque ya ha pasado y creo que el sector va a estar estabilizado. Otro de los focos, el de leñosos, se va a ver afectado por el desacoplamiento de las ayudas, y el aceite también está mal en cuanto a precios. Quizá se podría hacer algo más en el regadío con la explotación de hortícolas, aunque incidiendo en la comercialización.

-Para finalizar, teniendo en cuenta la situación económica, ¿va a haber recortes presupuestarios en el Itap?

-Imagino que sí, como en todos los sitios. La mayor parte de nuestro presupuesto viene de la Diputación, más de un 50 por cien. No obstante, la idea es continuar con todos los proyectos que están vivos, y no perder el trabajo que se ha hecho hasta ahora.

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